2/13/2025
Desde la misma obra de la creación, nuestro señor se ha manifestado ante nosotros con una inmensa laboriosidad expresada en cada una de las formas de la naturaleza; el mismo cuerpo humano es una expresión de arte detallado y colmado de grandes virtudes al servicio de la humanidad. Leonardo Da Vinci rinde un homenaje a la creación de Dios en el hombre, con una de sus obras culmen: el Hombre de Vitruvio. Utiliza la geometría y las matemáticas para ilustrar una figura humana perfectamente proporcionada.
En ese orden de ideas, el creador no solo nos dotó con forma física y esencia sino también con talentos y dones para ponerlos al servicio de los hermanos; ya lo expresa San Mateo en la parábola de los talentos en el capítulo 25 del 14 al 30. A ningún obrero deja sin talentos, algunos con 5 a otros con uno y en su justa medida aportan a la construcción del reino y fructifican. Los talentos no necesariamente deben ser todos artísticos, musicales o de la palabra, los hay en diferentes medidas para abarcar las necesidades de la humanidad. La invitación de esta parábola es a no esconderlos sino a ponerlos al servicio del prójimo y que den fruto independiente de su magnitud o sencillez.
El trabajo manual ha sido valorado en la tradición católica como una forma de participar en la obra creadora de Dios, cultivar la virtud de la laboriosidad y contribuir al bienestar de la comunidad. Tenemos como ejemplo a San José que, a través del trabajo manual con la madera, dio ejemplo de servicio a Jesús y de esa forma sustentó a su familia.
Desde los monasterios medievales, donde los monjes se dedicaban a la agricultura, la artesanía y la producción de libros, hasta las comunidades religiosas modernas que trabajan en proyectos de desarrollo y ayuda social, el trabajo manual ha sido una expresión de servicio y solidaridad.
Ya nos lo recuerda San Benito en su regla en el capítulo 48: “La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse los hermanos a unas horas en el trabajo manual, y a otras, en la lectura divina”. A las primeras comunidades cristianas se les recordaba en Tesalonicenses 3 -10 “si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma”.
No en vano nuestro señor escogió a 12 obreros, acostumbrados al trabajo diario de sol a sol, muchas veces sin recompensa y llenos de frustraciones; no escogió a 12 letrados o eruditos para anunciar su reino. Necesitaba obreros que conocieran la necesidad, el hambre y la espera para llevar esperanza y altas dosis de empatía a todos los rincones de la tierra. Es con base en la espera, la paciencia y la carencia que se crean las grandes obras y proyectos, no en el lujo ni en la comodidad.
La creatividad también ha florecido en el seno de la Iglesia Católica, inspirando a artistas, arquitectos, músicos y escritores a crear obras de belleza y significado espiritual. El arte sacro, la música religiosa, la literatura mística y la arquitectura de las catedrales son ejemplos de cómo la fe ha impulsado la creatividad humana a lo largo de los siglos. La ciencia y la fe no se contraponen, al contrario, se complementan y se ponen en conjunto en el plan de salvación con ejemplos tan claros de científicos católicos como Nicolás Copérnico y Louis Pasteur.
La Iglesia ha valorado la investigación y la creación cultural desde sus orígenes. Benedicto XVI decía que “la fe y la ciencia no se oponen, sino que se complementan para llegar a la verdad”.
El trabajo manual y la creatividad no son conceptos excluyentes, sino que a menudo se entrelazan y complementan. Muchos trabajos manuales requieren creatividad para diseñar, innovar y resolver problemas. A su vez, la creatividad puede manifestarse a través del trabajo manual, dando forma a ideas y visiones en objetos tangibles.
No solo el que dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad del padre; nos lo recuerda San Mateo en el capítulo 7 versículo 21. Y que mas voluntad del padre que usar esos dones y talentos para ayudar al hermano, comunicar la palabra a través del arte o la música, a través del servicio social, de la enseñanza o el trabajo diario en el que cada uno se desempeña. Ora et labora es la frase de nuestro Abad eterno San Benito que refleja la idea básica de que la oración y el trabajo son los pilares que sustentan la vida.
Hoy en día, el trabajo manual y la creatividad siguen siendo relevantes en la vida de fe. Muchas comunidades y organizaciones laicas promueven proyectos de desarrollo que involucran el trabajo manual y la creatividad para generar ingresos, crear empleo y fortalecer el tejido social. Asimismo, la Iglesia sigue apoyando y fomentando la creatividad en las artes, la música y otras formas de expresión cultural.
Un ejemplo de amor fraterno es Caritas Internacional fundación católica con base en Roma, que ayuda a los pobres, los vulnerable y los excluidos, sin tener en cuenta su raza, ni religión, para construir un mundo cuyos cimientos sean la justicia y el amor fraterno.
El trabajo manual y la creatividad son dos aspectos importantes de la vida católica y monástica que se complementan y enriquecen mutuamente. Ambos tienen un valor intrínseco y pueden ser utilizados para servir a Dios, a la comunidad y al desarrollo integral de la persona humana.