Los Oblatos Benedictinos
"La palabra oblato, de origen latino, significa "ofrecido". Aparece en la Regla escrita en el siglo VI por san Benito, padre del monacato occidental. Esta ofrenda de sí mismo adopta la forma de oración y meditación de las Escrituras, así como de tiempos de retiro, formación y servicio en el monasterio".
Inicialmente instituido para los niños, el oblato designa hoy el compromiso asumido por un laico adulto de llevar su vida cotidiana según el espíritu de la Regla de san Benito, en asociación con un monasterio benedictino determinado.
Origen
Los Oblatos Benedictinos son laicos que viven en el mundo seglar, pero que se inspiran en la Regla de San Benito y se vinculan a una abadía. Esta es su vocación singular.
"La palabra oblato viene del latín y significa 'ofrecido'. A lo largo de la historia, ha cubierto realidades muy diferentes", explica Bernard Hautecloque, historiador de formación y oblato benedictino.
La Regla de San Benito, en su capítulo 59, aborda la antigua práctica de la oblatura infantil. En aquel entonces, era común que las familias ofrecieran a uno de sus hijos a un monasterio, ya sea para su educación o para que se convirtiera en monje. Esta entrega solía ir acompañada de una dote económica destinada a sufragar los gastos de manutención y formación del niño dentro del monasterio.
La primera referencia documentada de los oblatos se remonta al siglo XII, gracias a los camaldulenses, una rama italiana de la orden benedictina. En aquel entonces, la oblación era concebida más como un rol que como un estatus. Los oblatos vivían dentro de los monasterios, pero sin profesar como monjes, siendo considerados una suerte de "semi-religiosos", según explica Christian Fénelon Mathieu.
Esta práctica de la oblatura fue interrumpida en 1790, durante la revolución francesa, cuando se abolieron las órdenes y congregaciones religiosas. Sin embargo, resurgió en 1869 en la abadía de Solesmes, en el contexto de la restauración de la orden benedictina liderada por el abad Dom Guéranger.
Si bien los oblatos benedictinos están presentes en todo el mundo, con un total de 27,000 miembros y un notable crecimiento en África y Asia, es en Europa donde se concentra el mayor número, con 9,400. Italia, Alemania y Francia, con más de 2,000 oblatos, son los países con mayor presencia.
¿Quién puede ser oblato?
La oblación benedictina es un camino abierto a los bautizados, hombres y mujeres, sin distinción social. Pueden ser casados, solteros, laicos o sacerdotes. Con coherente vida eclesial.
La oblación benedictina encuentra su fundamento en la aspiración a vivir con mayor profundidad la fe cristiana, a la luz de la Regla de San Benito y en comunión con un monasterio benedictino determinado. Esta singularidad distingue a los oblatos de otras modalidades de compromiso laical presentes en las grandes familias espirituales.
La Regla de San Benito, fundador del monacato occidental, es el eje central de la formación de los oblatos benedictinos. Tras ser admitidos por el abad y su delegado, los candidatos, tanto hombres como mujeres, inician un período de estudio y reflexión sobre este texto fundamental, compuesto por 73 capítulos. Si bien todos los monasterios benedictinos tienen la facultad de recibir oblatos, la admisión de un candidato depende del abad y su delegado.
La liturgia de entrada en la oblatura, que suele tener lugar durante la Eucaristía, es un momento significativo en la vida del oblato. En presencia de la comunidad monástica y otros invitados, el aspirante recita el Suscipe (Salmo 118: "Acógeme Señor..."), expresando así su deseo de unirse a la comunidad y vivir según el espíritu benedictino de "no preferir nada al amor de Cristo".