Recursos Bibliográficos
Material de Lectura
Herramientas esenciales para discernir la vida benedictina
La Regla de San Benito
Clic en el título para descargar.
El Oblatos seglar en la familia benedictina
Clic en el título para descargar.
14 puntos clave para conocer a San Benito
Clic en el título para descargar.
Enlaces
Páginas hermanas y lugares de interés
Monasterio Benedictino de Santa Maria de la Asunción- Envigado, Colombia 🇨🇴
Clic en el nombre para ir al sitio.
Monasterio Santa María de la Epifanía- Guatapé, Colombia 🇨🇴
Clic en el nombre para ir al sitio.
Monjes benedictinos de Tibatí- Bogotá, Colombia 🇨🇴
Clic en el nombre para ir al sitio.
Priorato de El Rosal - Bogotá, Colombia 🇨🇴
Clic en el nombre para ir al sitio.
Conferencia de Comunidades Monásticas del Cono Sur
Clic en el nombre para ir al sitio.
Ordo Colombiano
Clic en el nombre para ir al sitio.
¿Alguna pregunta?
Preguntas frecuentes
Estas son algunas de las preguntas comunes sobre la oblación benedictina.
El oblato benedictino es un cristiano que, impulsado por el deseo de llevar una vida más perfecta conforme al ideal del Evangelio, se vincula a una familia monástica a fin de poder, gracias a esa afiliación, compartir más intensamente las oraciones y méritos de esa comunidad, obteniendo para sí mismo en esta comunión vital, un crecimiento en fervor y generosidad al servicio de Dios.
La oblación es un camino abierto a todos los que viven en el mundo: hombres ο mujeres, solteros ο casados, sacerdotes ο laicos.
Hacer profesión de oblato es dar un paso serio, que presupone una madura reflexión. Es contraer un compromiso de una gran importancia, individualmente y de manera comunitaria con la comunidad a la que se une. Es por esta razón que el ingreso en la oblación se hará progresivamente. De esta nueva relación entre el oblato y el monasterio, resultará una comunión vital y una cooperación espiritual recíproca, que tiene especiales efectos en el camino de la conversión interior.
No hay un tiempo claramente definido pero se deben surtir unos pasos. Los candidatos a la oblación han de presentar su petición al director de los oblatos. Éste les ha de proporcionar toda la información necesaria, al mismo tiempo que les ha de ayudar en su discernimiento, para descubrir si realmente reúnen las condiciones para el paso que se proponen dar. A partir de este momento, comienza una especie de postulantado de algunos meses, siguiendo el consejo de Nuestro Padre San Benito que, en el capítulo 58 de la Regla, recomienda no apresurarse a recibir candidatos a la vida monástica, sino más bien y como dice el Apóstol: "Probar los espíritus para ver si son de Dios" (1Jn 4, 1).
Es al P. Abad del monasterio a quien, como Padre de la familia monástica, le compete admitir a los candidatos que le han sido presentados por el Director de los oblatos. Pasado este periodo -que puede ser de tres meses-, y que el Abad puede acortar o prolongar si lo juzga oportuno, el postulante es admitido a comenzar la pre-oblación.
No, la oblación tiene como requisito adherirse a un monasterio benedictino, por lo tanto no es posible esta opción.
El monje y el oblato no prometen lo mismo, porque las normas prácticas de la búsqueda de Dios, de la tendencia a la perfección de la vida cristiana, no son las mismas para uno y para otro. El monje promete estabilidad, vida monástica (corversatio morum), y obediencia. El oblato también promete la conversión de costumbres, pero sin integrar dos elementos esenciales a la condición del monje, como son el celibato y la renuncia a toda posesión.
El monje hace votos, el oblato hace promesas.
En segundo lugar, la promesa del oblato es de tipo totalmente diferente del voto que realiza el monje, en lo que concierne a la aceptación que de él se hace. Es cierto, que el Abad que recibe la oblación, la acepta en nombre de la comunidad y en nombre de la Iglesia, como acepta la profesión de uno de sus monjes. Pero esta aceptación no tiene el mismo alcance en uno y otro caso. El Abad acepta la oblación al recibir al oblato en la comunidad fraterna del monasterio y le concede participar de todas las buenas obras que se realicen allí, pero no se incorpora como el monje al estado religioso monástico.
De aquí resultan diferencias en el plano de las obligaciones y derechos. El oblato se compromete a seguir a Cristo y a buscar la perfección según el espíritu de la Regla de San Benito y el Estatuto de los oblatos. Él es aceptado por la Iglesia como oblato, es decir, como miembro de la comunidad monástica, aunque no contrae las obligaciones del monje. Su compromiso lo habilita para recibir del monasterio, en respuesta a la ofrenda que él hace de sí mismo, esa comunión vital y espiritual que es sin duda el más precioso de los bienes que los hombres pueden compartir sobre la tierra.
Los ejes fundamentales de los oblatos benedictinos en adelante son: La Eucaristía (en lo posible diaria), la liturgia de las horas (Laudes, Vísperas y Completas) y la Lectio Divina también diarias.
Continuar su vinculación con el monasterio asistiendo regularmente vinculándose con las actividades que de el emanan y hacer periódicamente retiros espirituales para fortalecer el lazo y mantener viva la oblación.
Para que en todo sea Dios glorificado.